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LAS CIMAS: CÓMO CRECEN LAS

MONTAÑAS

Cuando subimos a la parte alta del Parque, por encima de los valles,

nos encontramos con un paisaje totalmente diferente. Aquí ya no vemos

los estratos horizontales o poco inclinados como en Ordesa o Pineta; de

hecho nos cuesta mucho más ver las capas. Prestando más atención

podemos distinguir los estratos blancos de las Calizas de Gallinera y las

fajas que forman los tramos blandos, doblados dibujando pliegues y ar-

cos. Todavíapodemos sorprendernosmás cuando vemosque las capasde

calizas blancas parecen repetidasmás arriba o que las areniscas de color

pardo de Marboré están encima de ellas; si en el valle estaban siempre

por debajo, ¿porqué aparecen aquí?

PLIEGUES Y FALLAS: EL CRECIMIENTO

DE LOS PIRINEOS

Las repeticiones y los pliegues de los estratos que

observamos en las cimas es el efectode las fuerzas

queoriginaron losPirineossobre las rocas. A lo largo

degrandesperíodosde tiempo y conpresiones sufi-

cientes, las rocas pueden deformarse formando

pliegueso rompersecon fallasante losesfuerzos.

Lo que estamos observando en las cimas son

pliegues y cabalgamientos. Como hemos visto

anteriormente lospliegues se forman cuando las

fuerzas horizontales de compresión, a lo largo de

mucho tiempo deforman progresivamente las

rocas. Los pliegues suelen ser derechos, pero

muchos de los que observamos en el Parque son

pliegues tumbados o acostados, ello se debe a

que, en su mayor parte, se han formado en

relación con los cabalgamientos.

En el Parquepodemos ver numerosos ejemplosde

pliegues, pero el más espectacular sin duda es el

que formael CilindrodeMarboré. Sinembargo, no

hace falta subir a las cumbres para observar

pliegues: flanqueando la entrada al valle de

Ordesa podemos ver el gran pliegue del Tozal del

Cebollar o a pequeña escala observar numerosos

ejemplos en las rocas estratificadas (turbiditas)

que encontramos en los accesos al Parque.

Pliegues y cabalgamientos del macizo de Monte Perdido que dieron lugar al crecimiento de los Pirineos.

En rojo, las superficies de cabalgamiento que hacen que las unidades T1 y T2 se emplacen repetidas

sobre sí mismas varias veces.